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Embarque por la puerta estrecha

Tiempo de lectura: 3 minutos

¿Cuánto te ha costado el billete de avión? No sé si te habrá pasado alguna vez. Estás mirando de comprar un vuelo y encuentras un ofertón que no puedes dejar pasar. Pero cuando le das al botón de comprar se añaden tasas e impuestos de quién sabe dónde. Después ves que cada maleta que lleves te va a suponer el sobreprecio de 20€. Al final la cosa no sale tan bien como pensabas, pero igualmente te ahorras unos pocos euros comparado a la competencia, y con el tiempo que has perdido sigues adelante y te haces con el billete.

Funcionamos así. Captan nuestra atención con sutiles engaños. De no ser así, si hubieses sabido de primeras la diferencia de precio mínima entre una compañía y otra, habrías elegido la que te ofrece mayores comodidades. Pero como el impacto de la oferta capturó tu atención has comprado el billete con un lowcost, pese a que el precio final está muy cerca del resto de aerolíneas.

Jesús no quería acumular seguidores. Él hablaba con honestidad. No te vendía la moto. En una ocasión dio una apasionante charla en una montaña en la que rompió los moldes de la religiosidad para enseñar que el problema del ser humano iba mucho más allá del “cumple con esto” o “no hagas aquello”. Es curioso que esa charla haya dado lugar a que hoy, en tono cómico, se de a entender que alguien se está enrollando demasiado y siendo un poco plasta diciendo que está dando “el sermón del monte”.

En esta charla dijo: Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que te lleva a perderte, y entrarán muchos por ella. ¡Muy estrecha es la puerta, y poco cómodo es el camino que conduce a la vida! Pocos son los que lo encuentran. (Mateo 7:13-14)

Puede que te hayas encontrado a gente que te haya hablado de la religión. Que te haya dicho que todo es maravilloso… Paz, amor y el Plus para el salón. Pero amigo, mira a tu alrededor, mira tu propia vida. ¿Crees que algo así se soluciona simplemente aceptando la existencia de Dios?

No sé qué idea tienes del cristianismo o la fe cristiana, pero investiga por ti mismo.  El Evangelio es un mensaje loco. Implica tu vida entera. No se trata de cumplir con una serie de ritos y costumbres, no se trata de lo que tú puedes hacer sino de lo que otro hizo por ti. Es la diferencia con toda religión.

Vemos las cosas buenas que tiene esta vida ¡Hay cosas maravillosas! Pero todo parece ensuciado por el sufrimiento y la desgracia. Solo hace falta poner el telediario para ver de lo que estoy hablando. ¿No decimos: cómo puedes rechazar algo si no lo has probado? Entonces ¿por qué cuando se trata de conocerle siempre actuamos de este modo?

No hablamos de ideas, conceptos o filosofías… tampoco de un dios abstracto, no hablamos de algo, hablamos de alguien. Sé que no crees, pero si fuera así ¿Qué podría haber más valioso en la vida que relacionarse con ese Dios?

Como decíamos al principio, el camino es estrecho. Lo es porque estamos en una condición complicada. Nada sabemos de Dios. Aunque en realidad todo nuestro mundo y toda nuestra vida está constantemente sostenida por Dios. Nuestra dependencia es completa aunque no seamos conscientes de ello pero seguimos sin decidir nacer y sin decidir seguir viviendo. Así hemos nacido y hemos vivido cada uno de los días en los que nuestro corazón ha bombeado. Y esto, amigos, no es un ligero problema que requiera una sencilla solución. Dios se ha mojado ¡y de qué manera! Pero es algo que tendrás que averiguar tú mismo. Te retamos a hacerlo ¡y a compartirnos qué has encontrado!

Quizás la invitación de entrar por la puerta estrecha no te resulte tentadora pero es honesta y sin letra pequeña. El valor de aquello que hay tras la puerta es lo que hace que valga la pena.

Aferrados al control

Tiempo de lectura: 4 minutos

Hoy os quiero compartir algo que en los últimos días estoy reflexionando, y es como la necesidad de controlar ha provocado en muchas ocasiones que el mensaje que Dios ha transmitido en la Biblia, y que entre sus mismas páginas es llamado Evangelio, ha sido distorsionado, manipulado y ensombrencido para terminar siendo lo que popularmente conocemos como Religión.

Religión es una palabra que causa sarpullidos (aún entre muchos cristianos), y sería estúpido no reconocer que ha habido suficientes razones a lo largo de la historia para que esto sea así. Hablar de religión es sacar un gran saco lleno de diversidad, y es inevitable que los hechos más negativos en la historia se lleven el protagonismo. Pero ha habido momentos en la historia en los que la palabra “religión” se tenía bien considerada, y es importante notar que lo era por gente honrada que vivía la fe. Con esto solo pretendo decir que en el saco de la religión ha habido de todo, también épocas de interesantes movimientos que distan del concepto de religión que podemos tener en esta era poscristiana.

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Jesús trascendió la religión

Tiempo de lectura: 4 minutos

Respondió Jesús, y les dijo: Destruid este Templo, y en tres días lo levantaré.
Juan 2:19

Que Jesús dijera estas palabras fue una de las razones por las que los líderes religiosos quisieran crucificarlo. El Templo de Israel significaba mucho para los judíos, especialmente para los más religiosos. De alguna forma significaba la presencia de Dios con ellos, había costado mucho construirlo y también mantenerlo en pie. La nación de Israel estaba orgullosa del templo que tenían, un icono de que Dios estaba de su lado. ¿Por qué Jesús dijo estas palabras? Leer más

¿Dios es cruel? (2)

Tiempo de lectura: 9 minutos

En el anterior post “¿Dios es cruel? (1)”, estuvimos reflexionando sobre el tema de la aparente crueldad de Dios en historias que podemos encontrar en las primeras páginas de la Biblia. El tema no es sencillo, por lo que para poder observar el bosque tuvimos que detenernos en alguno de sus árboles. Nos quedamos en el árbol que más sobresalía, el de la Justicia de Dios, y allí nos quedamos, con la pregunta abierta de si es posible conciliar o armonizar esta Justicia completa con estas historias que aparentemente nos pueden parecer violentas y crueles…

¿A qué juega Dios entonces?

El libro de Génesis comienza explicándonos la creación de nuestro mundo. Quien lo lea podrá darse cuenta de la repetición constante de “y vió Dios que era bueno”. Todo lo que Dios fue creando, fue en su forma original, bueno.

¿Qué pasó entonces? El ser humano fue puesto en un Huerto, el cual se le llama Edén. Dios entonces puso al ser humano como responsable de lo creado, le dijo que “ejerciera dominio” sobre los animales y la naturaleza. En todo el huerto había no se sabe cuántos árboles. Viendo hoy la enorme diversidad de árboles frutales que existen, podemos intuir que no eran pocos. En medio del huerto, dice que había un árbol llamado del conocimiento del bien y del mal. Allí está el tema central de nuestra realidad hoy. Adán y Eva, esos primeros seres humanos, tomaron de ese fruto que Dios había prohibido comer. ¿Por qué lo tomaron? Desconfiaron de Dios, de su Creador. Pensaron, ¿y si lo que dice Dios no es cierto? ¿y si lo que pretende impedir Dios es que seamos iguales a Él? Tomando de este fruto, todo cambió. El ser humano dejó esa inocencia con la que había sido creado, en la que su conocimiento se limitaba al bien, desconociendo por completo el mal. El conocimiento del bien y del mal es algo que le venía grande al ser humano. Es algo que solo Dios puede gestionar y manejar sin perder ni un ápice de su Justicia y Santidad. Sin embargo, a los humanos nos domina. El mal no es meramente intelectual, sino experimental. No nos limitamos a saber lo que es la maldad y elegimos neutralmente entre hacer el bien y el mal, sino que esa abertura de conocimiento nos llevó a la maldad. Leer más