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Energy Control

Tiempo de lectura: 3 minutos

Recuerdo que hace unos años cuando aún abundábamos en los clubs de techno de la ciudad había algo que me sorprendía al entrar en algunas de las salas. Después de haber sido marcados con un sello que no desaparecería hasta salir el sol y cruzar un par de parientes de King Kong en celo, la luz de la entrada parecía fundirse detrás de nosotros y los zumbidos del sonido mínimal llegaban a borbotones mientras calentábamos motores. Pero cuando me dirigía a obedecer lo que ya era una costumbre en mí, una pequeña luz puesta en una mesita a la entrada de la sala me llamaba la atención, ¡otro stand de Energy Control! Ésta asociación de prevención parecía estar en todas partes con su información sobre drogas de síntesis y sus sintéticos panfletos. Allí te analizaban las drogas que llevabas para mostrarte las sustancias que contenían y los efectos nocivos que podían producir pero lo que jamás hacían era prohibírtelas o impedir que las tomaras. Simplemente obtendrías más información y con ella llenarías tu cupo de responsabilidad antes de consumir. Quizá por esta razón jamás me acerqué a una de esas mesas, porque prefería ponerme con ignorancia y a gusto, que con conocimiento y a disgusto (como si la ignorancia impidiera sufrir las consecuencias de una bajada sin frenos). Lo cierto es que la información jamás previene, los que prevenimos somos nosotros. En realidad el alcohol no pregunta si tienes información sobre él antes de destrozarte el hígado, tampoco las pastillas te consultan si las conoces antes de producirte una úlcera ni la cocaína avisa antes de darte un paro cardíaco. Leer más

¿Dios es cruel? (2)

Tiempo de lectura: 9 minutos

En el anterior post “¿Dios es cruel? (1)”, estuvimos reflexionando sobre el tema de la aparente crueldad de Dios en historias que podemos encontrar en las primeras páginas de la Biblia. El tema no es sencillo, por lo que para poder observar el bosque tuvimos que detenernos en alguno de sus árboles. Nos quedamos en el árbol que más sobresalía, el de la Justicia de Dios, y allí nos quedamos, con la pregunta abierta de si es posible conciliar o armonizar esta Justicia completa con estas historias que aparentemente nos pueden parecer violentas y crueles…

¿A qué juega Dios entonces?

El libro de Génesis comienza explicándonos la creación de nuestro mundo. Quien lo lea podrá darse cuenta de la repetición constante de “y vió Dios que era bueno”. Todo lo que Dios fue creando, fue en su forma original, bueno.

¿Qué pasó entonces? El ser humano fue puesto en un Huerto, el cual se le llama Edén. Dios entonces puso al ser humano como responsable de lo creado, le dijo que “ejerciera dominio” sobre los animales y la naturaleza. En todo el huerto había no se sabe cuántos árboles. Viendo hoy la enorme diversidad de árboles frutales que existen, podemos intuir que no eran pocos. En medio del huerto, dice que había un árbol llamado del conocimiento del bien y del mal. Allí está el tema central de nuestra realidad hoy. Adán y Eva, esos primeros seres humanos, tomaron de ese fruto que Dios había prohibido comer. ¿Por qué lo tomaron? Desconfiaron de Dios, de su Creador. Pensaron, ¿y si lo que dice Dios no es cierto? ¿y si lo que pretende impedir Dios es que seamos iguales a Él? Tomando de este fruto, todo cambió. El ser humano dejó esa inocencia con la que había sido creado, en la que su conocimiento se limitaba al bien, desconociendo por completo el mal. El conocimiento del bien y del mal es algo que le venía grande al ser humano. Es algo que solo Dios puede gestionar y manejar sin perder ni un ápice de su Justicia y Santidad. Sin embargo, a los humanos nos domina. El mal no es meramente intelectual, sino experimental. No nos limitamos a saber lo que es la maldad y elegimos neutralmente entre hacer el bien y el mal, sino que esa abertura de conocimiento nos llevó a la maldad. Leer más

¿Dios es cruel? (1)

Tiempo de lectura: 5 minutos

Una de las cosas que chocan cuando uno comienza a leer la Biblia es encontrarse con historias impactantes y comprobar que Dios ha actuado con severidad en no pocas ocasiones.

Vivimos inmersos en pleno siglo XXI, la era de la diplomacia y la relatividad. Eso nos lleva a que algunas de las historias que se narran en la Biblia nos dejen una imagen de un dios cruel ¿Por qué el diluvio? ¿Por qué Dios ordena que Abraham sacrifique a su hijo Isaac? (aclaro que finalmente Dios le impidió que lo hiciera) ¿Por qué la destrucción de Sodoma y Gomorra? ¿Por qué Dios libera a un pueblo de la esclavitud para llevarlo a dar vueltas durante cuarenta años por el duro desierto? ¿Qué hay de la matanza entre hermanos (gente del mismo pueblo) que sucede y es ordenada por Dios mismo después del becerro de oro? Estas son algunas preguntas que pueden hacerse aquellos que con interés hacen una lectura los libros del Génesis y el Éxodo.

Puede parecer que no sea la mejor forma de comenzar esta nueva etapa en el blog, que además hacemos con la total intención de que sea leído por aquellos que tienen inquietudes sobre Dios, pero que poco han indagado sobre El, ya sea porque les parece algo pasado de moda o porque lo vean como algo inventado por el ser humano para controlar y atemorizar a las masas. Aunque puede que pienses que realmente el concepto de Dios y la fe cristiana en particular sea un potente somnífero, una especie de píldora mágica que baña de ilusa esperanza la difícil cuestión de la muerte. ¡Cuántas veces he oído aquello de “si a ti te sirve, me parece perfecto”! Sabiendo que detrás de esas palabras viene acompañado el pensamiento de “no me comas la olla con tus tontas ilusiones”. Leer más

No somos el centro

Tiempo de lectura: 4 minutos

Que las personas somos egocéntricas no es algo surgido en esta era. Que se sepa el ser humano ha sido egocéntrico desde dónde nos pueden explicar los libros de historia.

Miramos el mundo desde nuestros propios ojos, lo leemos según nuestra propia percepción y nos consideramos siempre mejor que los otros. Si esto no es así enfermamos. No lo digo metafóricamente, cuando nuestro ego sufre una devaluación o la realidad asoma con crueldad para destruir ese concepto sobre nosotros mismos que tan cuidadosamente hemos dibujado con el pincel del egocentrismo, entramos en depresión.

La época que vivimos añade un plus a este egocentrismo innato. Todo está al servicio de nuestra satisfacción. En eso se basa el sistema que hoy por hoy mueve el mundo (aunque parece ser que no será así durante mucho tiempo más). El consumismo se basa en la satisfacción de adquirir. Uno desea algo y lo compra. Eso produce un sentimiento de placer momentáneo, suele durar unos cuantos días pero pronto desaparece. Leer más