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Somos frágiles

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Son las ocho. Ha sido un intenso día de iglesia, la reunión de la mañana, yo tengo una comida con entras mi esposa tiene una larga reunión de trabajo con el equipo de profesores de Escuela Dominical. Terminamos a las seis de la tarde y llevamos en el coche a algunos profes a sus destinos, una vez en casa nos duchamos y nos preparamos para descansar.

Entonces suena el teléfono. Es mi cuñada Rosa. Mi hermano Jorge ha sufrido un accidente doméstico. No vio que la puerta de cristal de la terraza estaba cerrada y la atravesó rompiendo el cristal, tiene un enorme y feo corte en la pierna derecha, es profundo, parte del músculo también ha sido cortado. Tuvieron que aplicarle un torniquete y poner toallas sobre la herida, mientras una ambulancia del 112 venía a darle los cuidados básicos. Una vecina entretuvo a los niños en la otra parte de la casa, mientras la otra era una especie de boudeville con policías nacionales, sanitarios y equipo médico.

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Mirar hacia el otro lado

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A ver, que no estoy tan mal. Tengo que guardar reposo y me estoy recuperando de una tonta y vergonzosa caída. Puedo apoyar algo el pie, y tengo algunas molestias, pero más vale que me tome en serio la recuperación, o tendré lesión para largo.

Un buen amigo me prestó unas muletas, algo fundamental, de lo contrario mis paseos al metro serían una agonía, ya que al no apoyar bien el pie, apoyo partes del pie que se terminan agotando, y los músculos que no están diseñados para sostener todo el pie se acalambran con el esfuerzo.

Lo interesante son las cosas que estoy aprendiendo de ir por la vida con muletas:

1. Andar con muletas es un arte. Vale la pena fijarte bien en cómo colocar el peso, coordinar el paso, mantener el ritmo.
2. Caminar con muletas es un ejercicio intenso. Me pongo a sudar como un pollo, noto el agotamiento en los músculos, tríceps, pectorales, antebrazos….. ¡me voy a poner hecho un toro!.
3. Cómprate unos guantes. Fui a El Corte Inglés y me compré por 9,95 Eur unos guantes de ciclismo de buena calidad, con almohadillas en las zonas que entrar en contacto con la agarradera de las muletas.
4. Cuando vas con muletas te vuelves invisible. Para la gente que camina por la calle eres un obstáculo, una especie de molestia que detiene su velocidad, para la gente que va en el metro eres un ser invisible. A esto le quiero dedicar un tiempo.

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Buenas noticias

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Laura se encontraba en la sala de espera del hospital. La silla era incómoda y su mirada intentaba distraerse con uno de los pósters médicos que colgaban de la pared. Su expresión era de resignación y era imposible esconder su desánimo. Ya llevaba semanas sintiendo un dolor muy molesto en la parte trasera de su cabeza, padecía tensión en sus cervicales y vivía con mucha ansiedad. Además temía ir a trabajar por si pudiera marearse y perder el control de sí misma. Ahora esperaba con impaciencia que alguien llamara su nombre para hacerse una prueba más que revelara aquello que no tenía y descartara lo que sufría. A pesar de estar sana, padecía como una enferma y siempre tenía la sensación de que nadie podía encontrar lo que realmente le sucedía. “Lo peor es tener que esperar los resultados” -decía ella-. Leer más

Energy Control

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Recuerdo que hace unos años cuando aún abundábamos en los clubs de techno de la ciudad había algo que me sorprendía al entrar en algunas de las salas. Después de haber sido marcados con un sello que no desaparecería hasta salir el sol y cruzar un par de parientes de King Kong en celo, la luz de la entrada parecía fundirse detrás de nosotros y los zumbidos del sonido mínimal llegaban a borbotones mientras calentábamos motores. Pero cuando me dirigía a obedecer lo que ya era una costumbre en mí, una pequeña luz puesta en una mesita a la entrada de la sala me llamaba la atención, ¡otro stand de Energy Control! Ésta asociación de prevención parecía estar en todas partes con su información sobre drogas de síntesis y sus sintéticos panfletos. Allí te analizaban las drogas que llevabas para mostrarte las sustancias que contenían y los efectos nocivos que podían producir pero lo que jamás hacían era prohibírtelas o impedir que las tomaras. Simplemente obtendrías más información y con ella llenarías tu cupo de responsabilidad antes de consumir. Quizá por esta razón jamás me acerqué a una de esas mesas, porque prefería ponerme con ignorancia y a gusto, que con conocimiento y a disgusto (como si la ignorancia impidiera sufrir las consecuencias de una bajada sin frenos). Lo cierto es que la información jamás previene, los que prevenimos somos nosotros. En realidad el alcohol no pregunta si tienes información sobre él antes de destrozarte el hígado, tampoco las pastillas te consultan si las conoces antes de producirte una úlcera ni la cocaína avisa antes de darte un paro cardíaco. Leer más