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Y seréis como niños

Tiempo de lectura: 4 minutos

Quizás el título de este post te haya sorprendido. ¿Quién querría en un futuro ser como un niño? Pero no he elegido este título porque sí, sino porque es una buena paráfrasis de lo que es el Evangelio y lo que supone para la humanidad.

A ver, soy consciente que esto da lugar a un gran abanico de malinterpretaciones. A los niños les definen muchos aspectos, y pensar en según qué aspectos infantiles no haría justicia a lo que pretendo compartiros en este post.

El opuesto que le da sentido

Nos cuenta la Biblia que uno de los argumentos que hicieron que el ser humano decidiese divorciarse de Su Creador fue “y seréis como dioses”. Esas palabras salieron de los labios (si me permitís decirlo así) del líder de otra especie que Dios creó antes que a nosotros. De ellos la Biblia nos cuenta poco, son llamados ángeles y son muy superiores a nosotros. También se nos cuenta que la mitad de ellos se declaró en guerra con Su Creador.

Dios había mandado al ser humano no comer del fruto de uno de los árboles del huerto del Edén. A ese árbol lo llamó “el árbol del conocimiento del Bien y del Mal”. He hablado de ese tema antes aquí en el blog, si me repito es, además de ser un tema importante para comprender condicion humana, porque es vital para desarrollar el tema del que hablo hoy. En fin, vayamos al grano. Lo que ocurrió en esa acción de tomar del fruto prohibido fue que el ser humano dejó de depender de Dios como aquel que elegía lo que podíamos o no podíamos hacer. Dejó de ser Dios el juez que calibraba lo bueno y lo malo para nosotros. Nosotros pasamos a conocer el Bien y el Mal por nosotros mismos, sin filtros.

Aprisionados en el ego

La consecuencia del “ser como dioses” es la realidad que vemos hoy. Tanto histórica, social como personal. El ser humano está atrapado por el ego.

Nos parece normal a día de hoy que cada uno de nosotros veamos el mundo desde nuestra perspectiva única, que nos valoremos por encima del otro y que estemos poco dispuestos a sacrificar nimiedades por beneficios importantes para el otro. Cada uno de nosotros vive en su propio universo, tiene su propia cosmovisión del mundo.

El ego solo es malo cuando lo vemos en el vecino, en el otro. En nosotros mismos suele ser ese punto sano de autoestima. Eso pensamos generalmente todos, también tu vecino al que ves con un ego desproporcionado.

El destino inevitable del ego: individualismo

Y como sociedad aquí estamos, en pleno siglo XXI. Al parecer sobreviviendo a una dura crisis, esperando que algún día pase la tormenta y vuelva a salir el sol al que estabamos acostumbrados.

Sin embargo, perdemos de vista la razón principal de la crisis que hemos vivido. Cada uno ha mirado por lo suyo propio y al final ha resultado ser insostenible.

En España no creo que se puedan contar los casos de corrupción que han salido a la palestra. Todo el sistema parece bañado en una oscura realidad.

Pero el individualismo continúa su progreso… La sociedad es cada vez más individualista. El avance parece conducirnos allí. Parece ser que es como nos sentimos más cómodos. Y no digo esto como quien protesta contra el sistema. Soy hijo del individualismo, lo lleno en mi sangre. Soy parte activa del sistema.

El niño y sus padres

Jesús en una ocasión dijo “En verdad os digo: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Marcos 10:15). Esto ha dado lugar a multiples interpretaciones. ¿Cuál es el aspecto de los niños en el que Jesús estaba pensando?

Pensemos por un momento en un niño y sus padres. El niño depende completamente de ellos. Su mundo gira entorno a su familia. Su concepción del mundo está limitada a lo que sus padres le transmiten. Por supuesto en la vida de un niño intervienen sus amigos, abuelos, tíos, primos, profesores… Pero a los padres los tiene idealizados. Su dependencia de ellos es grande. Depende de ellos para comer, vestir, ir a la escuela, salir al parque…

Cuando Jesús contaba parábolas no lo hacía con la idea de exponer ilustraciones que mostrasen un concepto minuciosamente detallado en esa historia, sino con la de trasmitir una idea central de la ilustración. En mi opinión en esta ocasión el punto central es la dependencia.

Retornar a la posición humana dejando atrás el “ser como dioses” es parecido a ser un niño. Generalmente pasamos el final de nuestra infancia deseando llegar a ser adultos. En ocasiones, cuando ya somos adultos desearíamos volver a la niñez… Pero normalmente deseamos ser adultos por dejar de ser dependientes, y deseamos volver a la niñez para quitarnos de encima responsabilidades, queriendo volver a disfrutar de la ligereza y la despreocupación infantil.

Lo tremendo de esta historia es que para que nosotros pudiesemos volver a depender de Dios, El hizo lo que nadie esperaría. El Dios independiente se hizo dependiente (ser humano) y estando libre de culpa, no se limitó a cumplir con su responsabilidad de juzgar el mal, sino que tomó la responsabilidad de salvarnos.

Quizás reniegues de Dios y la religión. ¿Pero te has parado a investigar si lo que transmite la Biblia es cierto? El prejuicio que tienes sobre Dios es muy diferente al que en esas antiguas páginas queda reflejado. ¿Dejarás pasar la ocasión de conocer a Tu Creador? ¿No vale la pena cuestionar tus convicciones por conocer a aquel que siendo Dios se hizo ser humano y vivió una vida como tal? ¿No te genera curiosidad saber si esto es cierto o falso? ¿No quieres saber cómo vivió y qué es lo que dijo?

Hay veces en las que mucho podemos aprender de los niños…

Por Cafetero

Fotografía bajo licencia Creative Commons de Alba Sud Fotografía

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