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Trascendencia

Tiempo de lectura: 2 minutos

Uno de mis géneros cinematográficos preferidos es la ciencia ficción. Supongo que la imaginación de un futuro mundo me causa mucho interés.

Hace cosa de 25 años comenzaban a entrar en nuestros hogares ordenadores que hacían alarde de un nuevo mundo por descubrir. Poco importaba que el arranque tardara lo suyo, o las iniciales peleas para familiarizarse con los comandos para manejar el ordenador por ms-dos.

Pensar que hoy, 25 años después estoy escribiendo en un banco de la calle este post con un móvil, con el que voy a poder publicarlo gracias a su conexión permanente, me hace pensar que es inimaginable lo que puede haber avanzado la tecnología en otros 25 años. Si este ha sido el avance en este lapso de tiempo, ¿Cómo será en el futuro?

Supongo que esa es la pregunta que mueve a escritores y cineastas a crear algunas obras de ciencia ficción. Y yo al menos las disfruto de lo lindo.

Una de esas películas es Trascendence. Un film en el que la inteligencia artificial avanza hasta convertirse en un supuesto peligro para la humanidad. ¿Será así con la tecnología? ¿Se verá limitada nuestra libertad por un avance de nuestras capacidades humanas con la aportación de tecnologías futuras y todavía inexistentes? ¿O será la tecnología lo que aportará trascendencia a la vida humana en el futuro?

No encuentro otra forma de finalizar este post que añadiendo una nota. Una nota como a pie de página. ¿Y si os dijera que la auténtica trascendencia no tiene tanto que ver con un incremento de nuestras capacidades humanas sino en “aprender” a amar y a ser justos? ¿Y si la trancendencia no está en crear algo que nos haga más capaces sino en saber que hemos sido creados y conocer a nuestro Creador? ¿Y si la trascendencia no estuviera reservada para el futuro sino que hubiese llegado de manos de un carpintero nacido en un barrio marginal hace ya más de 2000 años?

Por Cafetero

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