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Tenemos un problema

Tiempo de lectura: 4 minutos

“Sed santos porque Yo soy Santo”

Levítico 11:44

El texto que encabeza este post quizás os ahuyente, puede que penséis que no merece la pena gastar vuestro tiempo leyendo fanatismos. La misma palabra “santidad” os produce un sarpullido. Y creo que en parte tenéis razón, no porque la palabra en sí crea que sea algo dañino, sino porque se ha hecho mucho daño en la historia de la humanidad con ella. Pero no habría comenzado esta entrada con este texto si no fuera vital para lo que os quiero decir. En una frase queda resumida la esencia del problema humano, y ojo, eso no es generalizar ni echar balones fuera, eso es decir que en esa frase tenemos resumido tu problema y mi problema. Hemos sido creados por un Dios que es Santo, y que por ese motivo exige que seamos santos también. ¿Crees que es injusto que se nos exija esto?

Miremos a nuestro alrededor, el planeta gime. Gime por las guerras, los abusos, la codicia, la pobreza forzada de naciones enteras para beneficio del ególatra 1er mundo. ¡¡No hay solución!! -me dirás-. ¿Qué responsabilidad tengo yo de eso? ¿Qué cambiaría si yo intentara evitarlo o no hiciera las cosas que favorecen este sistema? Nada. Solo cambiarías tú. Pero te voy a pedir que en vez de mirar el planeta mires tu entorno, tu familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo… Tu casa, tu hogar. Piensa en las relaciones humanas… Relaciones de pareja, de padres con hijos, de hijos con padres, de extinguidas amistades, de competitividad laboral, de conflictos laborales. Por supuesto no es todo malo, hay bonitas y buenas relaciones, nunca exentas de conflicto, pero buenas al fin y al cabo. Pero no son la tónica común ¿verdad? Conforme las relaciones son más profundas o intimas, más números tienen de ir acumulando viejas heridas y rencores a devolver.

¡No! No estamos hablando de un Dios que se nos ha puesto tiquismiquis con sus normas. Estamos hablando de un Dios que conocía a la perfección el problema en el que nos íbamos a meter. Vivimos un mundo dramático, eso sí, que lo disimula muy bien. Nos autoconvencemos que somos felices, o que al menos -ya que la felicidad la tenemos por utopía-, vivimos y disfrutamos el momento. Y si, se disfruta de la vida, no estamos en el túnel del terror, pero pintamos el cuadro mucho más bonito de lo que es en realidad.

Nuestro problema es que un Dios Santo tiene el deber y derecho de exigirnos santidad. No tiene por qué tolerar este drama, sin embargo lo ha tolerado pacientemente. Nuestro problema es que odiamos al Ser que nos creó, al que decimos y pensamos no conocer, pero de quien llevamos su mismo sello. El ama la libertad, y por eso somos seres pensantes, emocionales y libres. Tanto como que siendo nuestro planeta una mota de polvo en la galaxia, y nosotros una mota de polvo en dicho planeta, nos dio tanta libertad como para darle la espalda y detestarlo. Y eso es lo que hacemos por nacimiento, ya sea que seamos unos vividores empedernidos o miembros de la religión más ortodoxa de las religiones. Odiamos al Dios Santo ya sea que pasemos nuestras noches bailando techno motivados por unas rayas de coca como que hayamos construido un dios que cabe en nuestra mente al que debemos nuestras tradiciones y costumbres.

Dios ha hablado. ¡¡Y de qué manera!! No solo ha hablado, también ha hecho. Porque amigos, muy común es entre nosotros el hablar, pero el hacer, eso ya es otra cosa… Y eso lo digo mirándome al ombligo, que a veces se me acumula un buen puñado de roña… Dios ha hablado, allí tienes un conjunto de libros que son inspirados por Él, que cuentan las historias en las que El ha intervenido en nuestra historia. No, no me he vuelto loco, ese es el cristianismo que expone la Biblia. Cualquier otra cosa suavizada o edulcorada, podrá ser otra opción dentro del amplio abanico de posibilidades de cosmovisión vital pero no es cristianismo.

El mensaje de la Biblia es duro, difícil de digerir y no nos deja con muy buena reputación que digamos. Pero si no fuera duro lo que tuviera que decirnos sería absurdo que el mismo Hijo de Dios viviera como hombre y muriese crucificado, ¿No creéis?

Pero ese es el mensaje, que para un drama la solución ha sido extrema. Dios tomó la iniciativa, y de qué manera. No hablamos de que el Hijo de Dios sea un pobrecito mártir. El pagó el precio para salvarnos, para transformarnos, pero es el Rey de todo lo que Él mismo ha creado, y es Aquel delante de quien un día estaremos tú y yopara ser juzgados con una justicia que no hemos podido ver en toda la historia de la humanidad. Piensa en esto, el que te juzgará no será el dios tirano, insensible y déspota que imaginas, sino Aquel que fue crucificado, el Eterno que murió, el que siendo Uno con el Padre desde la Eternidad gritó “Padre, ¿Por qué me has abandonado?”

¿Tan desbordante es tu vida como para que no merezca la pena investigar si lo que digo es cierto o falso? ¿No crees que la trascendencia del tema merece de tu tiempo para buscar respuestas?

Por Cafetero

Fotografía bajo licencia Creative Commons de Joan Vt Garcia

Comentarios

¿Y ahora qué? | SiembraDudas
Respuesta

[…] ayer comenzaba con un texto difícil de digerir, hoy empiezo con otro. Son las primeras palabras de Jesús relatadas en el Evangelio de Marcos. […]

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