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Sucedáneos

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Tengo un cuñado, bueno, en realidad tengo dos, pero tenía la intención de referirme sólo a uno. A este cuñado no le gustan los sucedáneos. Le gusta lo original, lo auténtico. No lo verás comiendo comida rápida, sólo come alimentos que no tengan colorantes, conservantes, azúcares añadidos, sales añadidas, que haya sido manipulado lo menos posible, y un largo etcétera. Le encanta comer alimentos recién cogidos del huerto, cuando vamos al pueblo lo veo disfrutar. Obviamente a mí también me gustan esas cosas y tengo la suerte de poder gustarlas con bastante asiduidad. Pero mi cuñado, que es supermegaextrachachi inteligente, le oí decir una vez: “¿Por qué me voy a conformar con un sucedáneo, si puedo tener el original?”

Y eso me hizo pensar, y no sólo en la comida. Es cierto que muchas veces tenemos que tomarnos las cosas tal y como vienen y no podemos elegir, pero otras veces sí, y no lo hacemos, supongo que por comodidad. ¿Comodidad? Sí, comodidad, somos unos comodones, pero no te enfades, lo digo más por mí que por ti. Nos ponemos delante de la tele, o el ordenador, y nos tragamos todo lo que nos echan. Sin darnos cuenta crean en nosotros la necesidad de adquirir un producto en concreto. Lo diseñan para que nos sorprenda, y lo publicitan para que creamos que lo necesitamos, y claro, vamos y nos lo creemos.

Y comienza así la gran necesidad de llenar un vacío. Así que nos compramos una tele de LED`s, un Smartphone tope de cañero, un portátil, una casa con vistas al mar, un coche que mola y que tiene un montón de botones, contratamos una tele por cable con 80 canales, etc. Y cuando ya conocemos todas las prestaciones que eso nos da, lo disfrutamos un poco al principio, pero enseguida aparece un no sé qué que no nos deja dormir, a lo cual llamamos vacío. Entonces volvemos a empezar, nos compramos otra tele, pero mucho más grande, el iPhone 83 (ya sé que todavía no hemos llegado, no estoy tan evadido de la realidad), un portátil táctil, una casa en la montaña porque el mar ya nos cansa, un coche híbrido porque contamina menos y así respeto el medio ambiente y mola más, y contratamos otra tele por satélite con 500 canales. Y sin darnos cuenta nos hemos gastado una pasta gansa en tropecientas cosas. Las volvemos a disfrutar pero al poco tiempo volvemos a sentir ese no sé qué que no nos deja dormir, algo a lo que seguimos llamando vacío. Al final de todo tengo que volver a la frase de mi cuñado, ese que es supermegaextrachachi inteligente: “¿Por qué me voy a conformar con un sucedáneo, si puedo tener el original?”

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” Eclesiastés 12:13

Por Danny

Imagen tomada de Paco Espinoza bajo licencia Creative Commons

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