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El mito de la manzana

Tiempo de lectura: 3 minutos

Ayer estaba en medio de una conversación cuando uno de los chicos comentaba que no se creía el cuento de que por haber comido una manzana la vida fuese como lo es hoy. Justo antes acababa de decir que no se creía el cuento que nos habían intentado inculcar. Y es cierto, sobre Dios, en los temas de religión, se han dicho muchas cosas. Y es por eso que personalmente me parece tan importante ese libraco que llamamos Biblia (libraco, no por su volumen sino por su calidad). Porque unos pueden decir una cosa, otros otra, e incluso nosotros, desde este blog podemos decir una serie de cosas, dar argumentos, compartir nuestras convicciones… Pero amigos, lo maravilloso aquí es que Dios mismo se ha ocupado de dejar escrito lo que quería decirnos, y aquí todos podemos acudir a esa fuente, para investigar y contrastar…

Y la historia de la manzana es solo un buen ejemplo de esto. ¿Qué nos hace pensar que Dios expulsara al ser humano del Edén y lo sometiera a la mortalidad (y al sufrimiento) por haber comido una manzana prohibida? Quizás pienses que poco importa si fue una manzana u otro fruto, pero yo creo que no, que importa y mucho. Porque es lo que marca la diferencia entre un Dios déspota, represor, controlador y cruel de un Dios Justo que ha respetado la libertad humana pero que no pasa por alto las consecuencias de su elección. ¡Y la diferencia es enorme!

Pero bueno, si no fue una manzana, ¿qué fue? Podéis leerlo vosotros mismos al principio de la Biblia, en el libro de Génesis. El árbol prohibido es el árbol del conocimiento del Bien y del Mal. Lo que nos cuenta el texto es que el ser humano fue creado con cierta inocencia. Sólo tenía conocimiento del Bien, estaba sujeto a su Creador. Era Dios quien evaluaba lo bueno y lo malo. Es como si las cosas ya llegaran filtradas a nuestra bandeja de entrada, el spam quedaba fuera, el mal quedaba fuera de nuestro alcance y percepción.

Y eso hace tremendo que Dios nos creara y lo hiciera en las condiciones que lo hizo. Él puso en medio del huerto ese árbol del conocimiento del Bien y de Mal. La opción existía y Dios no la censuró.

No la censuró aún teniendo las implicaciones para nosotros y para Él mismo, como queda patente en la historia de la humanidad y en el relato bíblico (con su clímax en el Evangelio). El no haber censurado la elección tuvo fuertes consecuencias incluso para Dios. ¿Os habéis parado a pensar cuál fue la forma en la que Dios salva al ser humano? Podría haber evitado tal humillación simplemente con no habernos creado o no habernos salvado. Pero no sólo nos puso sobre la mesa esa elección sino que además hizo todo lo necesario para asegurar el camino de vuelta.

Si, de vuelta porque ese árbol fue un adiós. Fue un divorcio de la humanidad con su Creador. Fue decirle a Dios que ya no queríamos filtros en nuestra bandeja de entrada, que ya nos encargabamos nosotros de filtrar, de juzgar lo bueno y lo malo. De hacer y deshacer a nuestro antojo.

El problema es que Dios puede respetar nuestra elección, nuestra libertad, pero no eludir su deber de juzgar. Nosotros podemos ahora hacer nuestros propios filtros, pero es inevitable que un día el ser creado (tú y yo) nos pongamos delante del Creador para arreglar cuentas con juicio Justo (exento de subjetivismos, filtros caseros y egocentrismos).

Es por eso que el billete de vuelta lleva en su código de barras el perdón. Y el perdón tuvo un alto precio para ser justo, el precio de la sangre del que eternamente había sido Espíritu.

Por Cafetero

Imagen de C. Mario del Río bajo licencia Creative Commons

Comentarios

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Daniel Colocho
Respuesta

Gracias por compartir tu enfoque. Has incluido palabras que alumbran más el poco conocimiento que se tiene de Hashem.

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