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Sin vivir

Tiempo de lectura: 3 minutos

Acabábamos de conocer la muerte del actor Robin Williams supuestamente por suicidio cuando uno de mis compañeros dijo: “tío yo esto no lo entiendo ¡esta gente lo tiene todo! ese hombre podía conseguir todo lo que quisiera, no entiendo cómo se puede terminar así…!”.

Seguramente es un planteamiento que muchos nos habremos hecho al conocer casos similares. Pero si lo miramos fríamente ¿qué tiene que ver tenerlo todo con la tragedia que supone la muerte? o en el caso de Williams, la tragedia que le suponía vivir.

La conocida actriz y cantante de nacionalidad francesa Dalida se suicidó a los 54 años mientras se encontraba hundida en el pozo de la depresión, también lo tenía todo, pero dejó una nota escrita que decía: “la vida se ha vuelto insoportable. Perdóname”.


La gran mayoría pensamos que si tuviéramos aquello que deseamos seríamos felices, de todos es conocida la expresión que dice que “el dinero no da la felicidad pero ayuda”, una frase que por cierto, acostumbramos a usar los pobres. Es verdad que en esta vida ser pobre puede tener consecuencias dramáticas pero la experiencia nos ha demostrado que ser rico o famoso aún puede ser peor, y si decimos que no tiene que existir una relación causa efecto entre ser rico y terminar mal, entonces tampoco podemos decir que exista la relación entre ser rico y ser feliz. Prueba de ello es la inacabable lista de personajes famosos que han terminado su vida de forma trágica, sin ir más lejos el compañero de profesión de Williams y ganador de un Oscar, Philip Seymour Hoffman, quien murió de sobredosis el pasado 2 de febrero.

Y conforme avanzamos hacia atrás en el tiempo veremos que la lista es interminable, se cuentan por centenas (no es una exageración), aquí sólo incluimos algunos ejemplos: Corey Monteith, actor (2013, sobredosis), Lee Thomson Young, actor (2013, suicidio), Gia Allemand, actriz (2013, suicidio), Tony Scott, director cinematográfico (2012, suicidio), Brithanny Murphy, actriz (2009, sobredosis), Lucy Gordon, actriz y modelo (2009, suicidio), Heath Ledger, actor (2008, sobredosis), Brad Renfro, actor (2008, sobredosis), Anna Nicole Smith, actriz y playboy (2007, suicidio), Chris Penn, actor (2006, sobredosis), Jonathan Brandis, actor (2003, sobredosis) y por añadir algunos ejemplos representativos del siglo pasado: Kurt Cobain, cantante (1994, suicidio), Romy Shneider, actriz (1982, suicidio), John Belushi, actor (1982, sobredosis), Elvis Presley, cantante (1977), Jim Morrison, cantante (1971, sobredosis), Jimi Hendrix, músico (1970), Marilyn Monroe, actriz (1962, sobredosis), Ernest Hemingway, autor (1961, suicidio), etc. etc.

Si en nuestra vida sentimos que somos infelices siempre podremos atribuir nuestra infelicidad a lo que nos queda por obtener, pero si somos infelices aún teniendo todo lo que la mayor parte de la gente desea ¿qué nos queda? Puede que incluso comprendamos aún menos nuestra situación y por lo tanto la vida. Por eso sigue presente en mi mente las palabras de aquél carpintero cuando dijo: “¿Qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?”
Porque puede que tú creas o no que existe el alma, pero lo que está claro es que en este mundo todo lo que ganas lo terminas perdiendo, no hay nada que nos llevemos de aquí. Así que, sea con fe o sin fe, confirmamos la primera parte de su declaración y por lo tanto se gana de sobras el derecho a que atendamos mínimamente a la segunda, que dice: “O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?”

Esta pregunta es aún más profunda que la primera, porque si de este mundo no hay nada que podamos llevarnos a otro lugar, entonces ¿qué valor hay aquí que sea digno de interés allí?

Absolutamente nada.

Bueno, nada, aparte de tí y de mí. Y eso es lo que cuenta, no sé si para ti, pero sí para Dios.

by Axioma.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

(Fragmento del poema Vivo sin vivir en mí, de Teresa de Ávila (1515-1582)

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