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El show de la vida

Tiempo de lectura: 3 minutos

El domingo por la tarde miraba los titulares del informativo mientras preparaba con mi pareja una de nuestras cenas favoritas: pan con tomate y jamón. La antítesis de lo que contemplaban mis ojos. El noticiero abría con los efectos de los bombardeos en una de las zonas conflictivas de oriente próximo. Las imágenes mostraban unos padres jóvenes que sostenían desesperados a bebés y niños muertos por causa de la artillería. Me impactó mucho. No me tengáis por ingenuo, he visto millones de imágenes similares y tal vez peores (soy ciudadano de este mundo) pero de alguna manera me afectó ver esos cuerpos de niños que parecían de cera. Jamás captaríamos su autenticidad si no fuera por las manchas de sangre en sus ropas y las lágrimas de sus familiares. Me indigné, porque normalmente avisan al espectador de que las imágenes que va a ver pueden herir su sensibilidad, pero parece que según el tipo de información se elude esa advertencia, tal vez en algunos casos haya un interés en que así sea. En cualquier caso, he de reconocer que al paso que vamos nuestra sensibilidad será lo que menos importe ya que estamos más cerca del hormigón que del lirio y seguramente por eso necesitemos encontrar algo o alguien que nos quebrante.

En mi mente aún tenía frescas las imágenes cuando escuché a mi compañera decirme: “¿No te da la sensación de estar viviendo algo similar a El show de Truman?” -dijo mientras restregaba el tomate sobre el pan. Y tenía razón. Si te paras a pensar, todo esto que vivimos en este planeta se pasa de surrealista, me gusta el ejemplo de ese film, sólo que la persona realmente afectada sería la que nos pudiera ver desde arriba, me la imagino mirando hacia abajo abriendo los ojos con sorpresa y diciendo algo como: “Es una broma ¿no? ¿Estáis de coña…?”. Pero ¡ojo! no estamos de coña y eso es lo más grave…

Sed bienvenidos a la única especie que se devora a sí misma; todos hablamos de paz pero nos comemos unos a otros, es el jardín del todo para todos, en el que uno puede celebrar una barbacoa mientras su vecino rocía con gasolina a su cónyuge. ¿Y por qué no hablar de subsistencia? Tan solo 870 millones de personas se mueren de hambre sabiendo que la producción agrícola mundial podría abastecer dos veces a todo el planeta. En este sentido agradezco el ejemplo de Mariah Carey que en su última lección de cordura se gastó más de 140.000 euros en las vacaciones de sus dos perros con sesiones de spa y cine caninas pero eso no importa porque vamos a seguir llenando sus  conciertos y soñando ser algún día como ella y tantos otros personajes famosos. Son parte de nuestros referentes, además una cosa es la música, el cine, la moda y el arte y otra muy distinta es su vida personal, porque con su vida cada uno hace lo que quiere ¿verdad? ¿Es porque no nos importa lo que la gente haga o porque no queremos que nadie nos impida hacer aquello que nos apetece?

En fin que todo este cúmulo de desequilibrios perennes nos ha hecho denunciar más de una vez lo siguiente: “si Dios existe por qué permite todo esto”. Sin embargo, nosotros existimos y lo permitimos.

Con Dios no tenemos un problema de existencia si no de conocimiento suyo. Somos capaces de tragarnos argumentos de gobiernos, asociaciones, empresarios, políticos, banqueros, periodistas, entidades y personas cuyas vidas no duran más de 90 años (siendo generosos) y en cambio rechazamos escuchar cuáles son los argumentos de un ser que no tiene principio ni final.

¿Nos vamos a quedar parados soplando las pocas velas que nos quedan en el pastel?

Es hora de levantarse, buscar, encontrar y compartir.

by Axioma

 

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