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Buenas noticias

Tiempo de lectura: 2 minutos

Laura se encontraba en la sala de espera del hospital. La silla era incómoda y su mirada intentaba distraerse con uno de los pósters médicos que colgaban de la pared. Su expresión era de resignación y era imposible esconder su desánimo. Ya llevaba semanas sintiendo un dolor muy molesto en la parte trasera de su cabeza, padecía tensión en sus cervicales y vivía con mucha ansiedad. Además temía ir a trabajar por si pudiera marearse y perder el control de sí misma. Ahora esperaba con impaciencia que alguien llamara su nombre para hacerse una prueba más que revelara aquello que no tenía y descartara lo que sufría. A pesar de estar sana, padecía como una enferma y siempre tenía la sensación de que nadie podía encontrar lo que realmente le sucedía. “Lo peor es tener que esperar los resultados” -decía ella-.

No sé si en alguna ocasión has conocido a alguien que viviera una situación similar o tal vez tú mismo lo hayas experimentado. Ayer leí un texto en la Biblia que decía esto: “Cuán afortunado es aquél que teme a Dios (…), no temerá recibir malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor” (Salmo 112: 1, 7).

Laura estaba dominada por el temor, pero sería absurdo llamarla afortunada por ello. Sin embargo los textos antiguos nos enseñan que sí existe un temor que hace afortunado a aquél que lo posee y ese es el temor de Dios. Cuando hablamos de temor de Dios no hablamos del miedo al castigo sino más bien esa forma de tener en cuenta al otro con respeto y consideración, no menospreciándolo sino más bien reconociéndolo por encima de uno mismo (no hace falta decir que en el caso de Dios sería coherente reconocer su soberanía).

El que teme a Dios es afortunado, entre otras cosas porque -como indica el texto- no temerá recibir malas noticias. O dicho de otra manera, la incertidumbre sobre su futuro no se adueñará de él. Si realmente existe un ser eterno, no puede haber noticia más mala que el vivir sin conocerle, porque si algo tenemos claro es que en esta vida todos tenemos fecha de caducidad. Sí, vamos a morir. E ineludiblemente si Dios es eterno vamos a encontrarnos con él después de nuestra pequeña aventura. Por lo tanto el hecho de que pudiéramos conocer a ese ser antes de morir podría convertirse simplemente en nuestra mejor noticia.

by Axioma

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