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Jornada de reflexión

Tiempo de lectura: 3 minutos

Siento decirlo de esta manera pero las campañas electorales se parecen cada vez más a un circo. Los números que se montan en los debates televisados son un auténtico espectáculo y requieren de una advertencia urgente: por favor no lo intentéis hacer en vuestras casas. Hay trapecistas, equilibristas, domadores de lenguas y personas que sin llevar pintada la nariz nos entretienen con sus trucos. Pero ¿cuál es la realidad fuera de esta carpa multicolor?

Hace unos días vimos como la policía detuvo a dos jóvenes de 19 años y otro de 20 por hacer mofa sobre la víctima de un asesinato, no sólo aprobaban explícitamente el suceso sino que animaban a otros a hacer lo mismo incitando a la violencia a través de las redes sociales. Son hechos lamentables y muchos siguen preguntándose qué vamos a hacer con esta juventud. La respuesta es simple: Ser ejemplo. Sin embargo ¿qué ejemplo están dando los que hablan de derechos y democracia cuando basan sus campañas y estrategias en descalificar al oponente? ¿Es eso educar la sociedad? Divide y vencerás; destruye al otro y prosperarás. Es el ejemplo que recibimos de los candidatos cuando están más pendientes de los deslices que cometen sus contrincantes en twitter que de la necesidad real que hay en unas calles que nunca pisarán.

Existe la creencia popular de que la razón por la cual los políticos se pasan el día criticándose unos a otros es porque no tienen ideas ni propuestas. No nos dejemos engañar esa no es la verdadera razón. Los asesores de campaña saben perfectamente que hoy en día es más fácil mover a un votante por indignación que por confianza. El voto de la desgracia es un voto de rendimiento limpio, el votante se mueve y ejerce su derecho porque no quiere que el otro gobierne, no es porque confíe en el partido al que le da el voto. Sin embargo el voto de confianza o voto de fe (como le llamo yo) es un voto poco agradecido, el votante ejerce su derecho de voto para dar confianza al partido que elije, porque cree en aquello que propone. Este voto es más noble pero a la larga no garantiza un rendimiento para el partido pues el votante va a tener puesta su mirada en el grupo que ha votado y lo evaluará en cada acción que realice. Eso obliga al partido a ser mucho más consecuente con sus decisiones. Esta es la razón por la cual la estrategia de las campañas se basa en obtener votos a partir de las miserias del otro y no de las virtudes de uno mismo.

En ese sentido sigo fijándome en Jesús. Aunque muchos lo reduzcan a un líder más, su liderazgo es la antítesis de cualquier ejemplo actual sea de la tendencia que sea. Él no luchaba por papeletas porque su interés no recaía sobre sí mismo sino sobre los demás. Por eso era capaz de decir incluso a sus seguidores aquello que no les gustaba oír si era lo que les convenía. Siempre priorizó la verdad por encima de la alabanza ya que su interés no estaba puesto en lo que la gente pedía sino en lo que la gente necesitaba. Un consejo para todos: “En el reino de Dios el mayor de todos es el menor”. Es decir, el mayor es aquél que es capaz de hacerse pequeño y por ejemplo arrodillarse para limpiar los pies a sus semejantes. Si hubiera alguien así sería el mayor, pero si además ese alguien fuera Dios mismo entonces estaríamos ante el mensaje más revolucionario de la historia.

Después de limpiar los pies a sus discípulos Jesús dijo: “Si os hacéis esto los unos a los otros seréis felices”. Y tenía razón porque el que sirve al otro de forma sincera no está hipotecado a mantener una fachada. Si tiene paz en lo que hace no necesitará descalificar a aquellos que no sigan su ejemplo. Así era y es Él. ¿Lo sabías? Pues aún hay mucho más por descubrir, eso sí, aprovechando cada jornada para reflexionar y no solamente cuando haya elecciones.

by Axioma

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