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¿Dios es cruel? (2)

Tiempo de lectura: 9 minutos

En el anterior post “¿Dios es cruel? (1)”, estuvimos reflexionando sobre el tema de la aparente crueldad de Dios en historias que podemos encontrar en las primeras páginas de la Biblia. El tema no es sencillo, por lo que para poder observar el bosque tuvimos que detenernos en alguno de sus árboles. Nos quedamos en el árbol que más sobresalía, el de la Justicia de Dios, y allí nos quedamos, con la pregunta abierta de si es posible conciliar o armonizar esta Justicia completa con estas historias que aparentemente nos pueden parecer violentas y crueles…

¿A qué juega Dios entonces?

El libro de Génesis comienza explicándonos la creación de nuestro mundo. Quien lo lea podrá darse cuenta de la repetición constante de “y vió Dios que era bueno”. Todo lo que Dios fue creando, fue en su forma original, bueno.

¿Qué pasó entonces? El ser humano fue puesto en un Huerto, el cual se le llama Edén. Dios entonces puso al ser humano como responsable de lo creado, le dijo que “ejerciera dominio” sobre los animales y la naturaleza. En todo el huerto había no se sabe cuántos árboles. Viendo hoy la enorme diversidad de árboles frutales que existen, podemos intuir que no eran pocos. En medio del huerto, dice que había un árbol llamado del conocimiento del bien y del mal. Allí está el tema central de nuestra realidad hoy. Adán y Eva, esos primeros seres humanos, tomaron de ese fruto que Dios había prohibido comer. ¿Por qué lo tomaron? Desconfiaron de Dios, de su Creador. Pensaron, ¿y si lo que dice Dios no es cierto? ¿y si lo que pretende impedir Dios es que seamos iguales a Él? Tomando de este fruto, todo cambió. El ser humano dejó esa inocencia con la que había sido creado, en la que su conocimiento se limitaba al bien, desconociendo por completo el mal. El conocimiento del bien y del mal es algo que le venía grande al ser humano. Es algo que solo Dios puede gestionar y manejar sin perder ni un ápice de su Justicia y Santidad. Sin embargo, a los humanos nos domina. El mal no es meramente intelectual, sino experimental. No nos limitamos a saber lo que es la maldad y elegimos neutralmente entre hacer el bien y el mal, sino que esa abertura de conocimiento nos llevó a la maldad.

Entonces el ser humano quedó divorciado de su Creador, para andar por y para sí mismo. Dios podría en ese mismo momento haber destruido al ser humano, incluso todo lo creado, sin embargo no lo hizo, pues conocía de antemano cómo iban a surgir los acontecimientos y tenía algo planeado para solucionarlo.

Es increíble como a lo largo de la historia se ha distorsionado el Evangelio tanto para un lado como para otro. Gracias a Dios que podemos leer por nosotros mismos la Biblia y darnos cuenta de muchas distorsiones. El problema humano es un tema complicado, hacerlo sencillo para que a la gente le sea fácil de asumir es llamar a la estupidez. Se habla mucho de un dios que no le importa lo que tú hagas, él te perdona. A Dios si que le importa lo que tu hagas. Es más, Él tiene el deber de mantener completa Justicia en todo lo que Él ha creado. No puede -porque dejaría de ser Él mismo y todo lo que existe se desmoronaría- pasar por alto la maldad porque si.

¿Cómo entonces nos perdona Dios? Pablo, en su carta a los Romanos, nos da una respuesta al tema, Dios es el Justo y el que justifica, al que es en la fe de Jesús (Romanos 3:26). ¿Por qué por la fe en un hombre soy perdonado? Este es el tema central de este llamado Evangelio. Amigos, aquí está el punto central e impresionante. Este es el punto por el que en los primeros años del cristianismo a los cristianos los llamaban locos. Pero el Evangelio es este, no son alegorías, ni cosas que por la cultura de aquel tiempo se pensaron así. Si fuera así, yo sería el primero en decir que entonces el Evangelio de nada sirve. Ah, pero a veces lo real puede resultar más difícil de creer, no por eso deja de ser real.

Fijaros como empieza el Evangelio de Juan:

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.

Juan nos está hablando de Jesús, quien dice que existía en el principio, que estaba con Dios y que era Dios. Que todo fue creado por Él -estoy deseoso en próximas entradas profundizar sobre esto- ¿Estamos hablando del carpintero al que crucificaron? ¿De aquel revolucionario, iluminado, filósofo? Leer los Evangelios resulta algo inquietante, ya que por un lado leemos grandes discursos de Jesús como el Sermón de la Montaña, que ha sido considerado por muchos como una norma ideal para que la sociedad se transformara, pero al mismo tiempo hay otras cosas que pueden no gustarnos tanto, incluso ser violentas de leer, es decir, que hieren nuestro ser, ya sea porque somos acusados o porque no estamos de acuerdo. El problema que tenemos es que con Jesús nos vemos confrontados a la realidad de lo que somos. Nos puede parecer muy bonito el Sermón del Monte, un ideal social. ¿Has tratado de cumplirlo y de vivir siguiendo sus indicaciones? Te digo que no puedes. Yo tampoco puedo. ¿Por qué no podemos? ¿Por qué no podemos vivir de acuerdo a un modo de vida que mentalmente creemos como ideal? ¿Qué nos lo impide? ¿Qué pasa?

Otra vez os presento otro párrafo de este libro de libros. Se encuentra en Romanos 7: 7-13:

¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciarás. Pero el pecado, aprovechándose del mandamiento, produjo en mí toda clase de codicia; porque aparte de la ley el pecado está muerto. Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí; y este mandamiento, que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, aprovechándose del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató. Así que la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno. ¿Entonces lo que es bueno vino a ser causa de muerte para mí? ¡De ningún modo! Al contrario, fue el pecado, a fin de mostrarse que es pecado al producir mi muerte por medio de lo que es bueno, para que por medio del mandamiento el pecado llegue a ser en extremo pecaminoso.

La palabra pecado, ya de por si, nos echa para atrás. Se crea al escucharla un: “uy, uy, ya estamos con el tema del pecado”. Creo que los cristianos en la actualidad somos culpables de no llamar las cosas por su nombre, porque conocemos la reacción que causan estas cosas. No siempre hemos sido cristianos, no siempre hemos creído lo que creemos, y sabemos bien la autodefensa que se genera ante estas cosas. Pero también hay algo que creo es importante en este tema del pecado, y es la distorsión que se ha hecho del tema a lo largo de la historia. El abuso superficial y únicamente moral impuesto a lo largo de los siglos ¿Qué es el pecado entonces?

La explicación de Pablo en su carta a los Romanos es impresionante. Él dice que se dió cuenta de lo que era realmente el pecado cuando intentó obedecer la ley que dice: “no codiciarás”. Dice que el mandamiento “no codiciarás” produjo en él toda codicia. ¿Conocéis de lo que está hablando? ¿Os ha pasado? ¿Lo habéis percibido? Algo se rebela en nuestro interior y con fuerza hacemos aquello prohibido. Pensamos y comprendemos que aquello que ordena el mandamiento es bueno, beneficioso, pero luego algo con fuerza surge en nuestro interior, algo surge en nosotros, que nos empuja a desobedecer. El pecado es un problema de nosotros en relación con Dios, más allá de los tópicos morales que tanto se han enfatizado durante tanto tiempo. Por supuesto, el pecado se muestra por medio de acciones, pero éstas no son la raíz del problema, sino los sintomas de la enfermedad (por decirlo de algún modo).

Una vez le preguntaron a Jesús cuál era el primer mandamiento. Lo hicieron porque querían que metiera la pata y así tener algo con lo que acusarlo, con lo que desautorizarle. Jesús respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.” (Mateo 22:34-40). ¿Amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y con nuestra mente? ¿Amar al otro como a mi mismo? ¿Dónde queda mi egocentrismo entonces? Se ha intentado teorizar mucho sobre el amor al prójimo, incluso he leído en no pocas ocasiones que aquí Jesús nos llama a amarnos a nosotros mismos, ya que si nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos, ¿no está diciendo, por tanto, que nos amemos a nosotros mismos? Pero creo que eso es desviar por completo las palabras allí dichas. La intención de Jesús es precisamente la de sacarnos de nuestro egocentrismo, su perspectiva es global, es eterna, divina. Ninguna persona está por encima de otra, pero cada uno se piensa con mayor privilegio que los demás. Nuestra perspectiva es la del Yo. Amar a otro como a uno mismo es comprender que la importancia del otro es la misma que la de uno mismo. Sin embargo el mandamiento dice amar a Dios con todo el corazón, mente y alma. Dios si que merece en ese sentido todo nuestro ser. ¿Se despierta en ti ese furor? ¿Estás pensando “Dios es un egocéntrico”? El te ha creado, no se le escapa ni un detalle de tu personalidad, de tus cualidades y debilidades, tus sentimientos, pensamientos… Él nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos. Además es un Dios que es Amor, conocemos destellos del amor, ya sea en forma romántica, familiar, de amistad… pero El es Amor. El es Justicia, anhelaríamos un sistema judicial justo, unas leyes justas que pusieran limites a nuestros corruptos políticos, pero El es Justicia. Y así podríamos llenar páginas y páginas de las facetas y cualidades de nuestro Creador. ¿No merece que le amemos con todo nuestro corazón si esto es así? ¿Entonces qué es lo que nos pasa que no lo amamos?

Puede que pienses que me he ido por las ramas, pero sigo recordando que el tema de este escrito es: ¿Es Dios cruel? ¿Por qué entonces he hablado de todas estas cosas? Creo que hay que ver el tema con cierta perspectiva, verlo en panorámica. Vemos esos acontecimientos que nos chocan en Génesis y Éxodo, y pensamos que Dios quizás sea cruel. Hay cosas que no nos cuadran. Pero hemos de entender que el ser humano se divorció de Su Creador, y que Su Creador decidió no eliminarlo, no ejecutar la justicia en ese momento, sino postergarla con el fin de salvarlo.¿Podéis ver la grandeza de la Misericordia de Dios? El en su deber de ser Juez que juzga con Justicia decidió aplazar el Juicio para tener misericordia. Habrá justicia, pero todavía no la hay. En este lapso intermedio, Dios ha actuado, ha interactuado, ha intervenido, y en ocasiones parece que sus acciones son duras, pero si miramos cada una de ellas comprendemos que son partes de un juicio limitado, de un poner límites al mal. Es duro para nuestras mentes acostumbradas a que todo sea pasado por alto, para nuestras olvidadizas memorias y para nuestra justicia subjetiva.

Por último quisiera poneros un ejemplo. Muchas veces se dice: “Si yo fuera Dios lo haría mejor, no permitiría tanta injusticia en el mundo”. ¿Qué hemos hecho los humanos con la naturaleza y los animales? Es bien conocido que la naturaleza sufre, se habla de cambio climático, pero más allá de eso, la contaminación y la explotación de recursos naturales es violenta. “Lo sé, me dirás. Es que nuestros gobiernos no se dan cuenta” Pero, ¿qué hacemos tú y yo al respecto? ¿Consumimos pensando en esto? Es una gota en un océano, me dirás. Pero te digo, ¿cambiarías los avances tecnológicos, científicos y demás que disfrutas hoy por una vida más anticuada si así se respetara la naturaleza? Si tu respuesta es que no, piensa en los motivos. ¿Piensas que Dios es injusto porque con violencia ha hecho cosas por preservar la justicia y ejecutar su juicio mientras justificas la violencia de nuestra explotación de la naturaleza por el hecho de que no podrías renunciar de todas las comodidades que ahora disfrutas?

Quizás no te parezca un ejemplo adecuado. Te daré otro entonces, el de la industria alimentaria. El sistema que hay montado en torno a esto es impresionante. Esclavitud animal, en su gran mayoría forzando su crecimiento científicamente para que los animales aporten más y más kilos de carne para vender. Ante esto nos planteamos que con la cantidad de población que somos no hay otra manera de mantener nuestros hábitos alimenticios. Hay mucho negocio detrás de esto, pero ¿Cambiarías tu modo de alimentarte para que esto cambiase si estuviera de tu mano? Y te hago entonces la misma pregunta que antes, ¿Tachas a Dios de injusto porque con severidad ha hecho cosas por preservar la justicia y ejecutar juicio mientras justificas la violencia a la que se ven sometidos los animales por el hecho de que tu alimentación no cambie, por esa satisfacción de comer carne y pescado en las cantidades que lo haces actualmente?

No pretendo con estos dos ejemplos condenar estas cosas, yo me alimento como todos vosotros, no soy vegetariano, y hago un uso del consumo como todos vosotros. No estoy en lugar de juzgaros. Pero me gustaría que por un momento vieras las cosas con perspectiva y comprendieras que muchas veces tachamos a Dios de injusto por cosas que nos parecen fuertes cuando al mismo tiempo estamos dispuestos a asumir cualquier atrocidad que el ser humano haga. Pensamos que Dios es cruel cuando juzga con Justicia sobre la humanidad mientras comprendemos que la humanidad maltrate el mundo animal por la simple satisfacción que producen los alimentos.

¿Es Dios cruel? ¿Qué Dios cruel enviaría a Su Hijo a su mundo creado para ser una criatura, un mero hombre, para salvarnos de nuestra rebelión hacia Él? De esto hablaremos en próximas entradas…

Comentarios

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Daniel
Respuesta

¨El ser humano dejó esa inocencia con la que había sido creado, en la que su conocimiento se limitaba al bien, desconociendo por completo el mal.¨
Si tu conocimiento se limita al bien,¿Como puedes hacer el mal? Osea si eres bueno, no puedes hacer cosas malas, sobretodo si estas en completa inocencia.
Dios, según tu argumentación, sabía de antemano que sus dos máximas creaciones lo iban a desobedecer, entonces bien pudo no haber colocado el árbol del conocimiento del bien y el mal en el edén y haber evitado así su fracaso. Si lo ponemos de esa manera Dios fracasó como creador, su Serpiente (que el mismo creó), Adán y Eva, son prueba de eso.
Qué te puedo decir acerca de su rol como único juez? Mató a miles de niños (2 Reyes 2:23-24, Lev 10:1-3, 2Sam 12:14-18), esperaría al menos que fueran recompensados con la vida eterna al hacerlos sufrir tales desdichas. Cómo defender lo indefendible? Así como no se puede defender a la humanidad, no se puede defender al Dios que supuestamente la creo.
En fin, tu argumentación iba bien, hasta esa parte con la empiezo mi comentario.

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Cafetero
Respuesta

Muy interesante tu comentario. Perdona por tardar tanto en aprobarlo y responderlo. Lo acabo de ver.
Mi respuesta a lo que dices es que para Dios nuestro hoy no es lo definitivo. Puede que a nosotros nos pueda parecer definitiva la larga historia de la humanidad. Pero para El no es así. La cuestión del árbol es una cuestión de libertad, lo cual honra a Dios (a mi modo de ver) ya que tuvo que pagar el alto precio de ser humano y morir separado de Su Padre (abandonado). Lo que eso significa no cabe en nuestra mente. Es lo que a mi modo de ver me hace comprender la Bondad de Dios.
Hay cuestiones muy complicadas como la que dices de los niños, que no se deben eludir.
El libro de Romanos es una argumentación espectacular de ese tema de la bondad/maldad de Dios al permitir nuestra maldad. Te animo a leerlo como quien lee otro tipo de libro. Sin ánimo de comerte la cabeza, pero es justo un tema que la misma Biblia trata sin tapujos.

Saludos y gracias por comentar

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