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La primera red social (3): Extrañas reacciones II

Tiempo de lectura: 2 minutos

Ellos, pues, salieron de la presencia del concilio, regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su Nombre.

Hechos 5: 41

Si el otro día veíamos la extraña reacción de los seguidores de Jesús, que al ser librados de la cárcel, se plantaron en las narices de los que los habían apresado como si nada pasara, hoy vemos otra extraña reacción.

Hoy vemos como después de haber recibido una considerable paliza ellos salieron llenos de alegría. ¿Por qué tuvieron esta reacción? ¿Cómo es que no salieron llenos de enfado contra los que les habían azotado? ¿No salieron con hambre de venganza y con el orgullo herido? Pues no.

Puede que penséis que tuvieron una reacción masoquista y que simplemente se tratara de personas que estaban mentalmente desequilibradas, pero el que estuvieran alegres tuvo un sentido, por mucho que fuera una extraña reacción.

Días antes, cuando Jesús fue apresado, cada uno corrió por su lado, huyendo de lo que veían como un peligro para sus vidas. Cada uno de ellos se sintió defraudado por Jesús, “no es posible que haya muerto” -pensaron-. Por lo que aquello que un día pensaron y creyeron que era Jesús se derrumbó como un castillo de arena. Se sintieron defraudados, ignorando su propia cobardía que los había llevado a huir de la situación para preservar sus vidas.

Pero todo esto cambió cuando vieron a Jesús resucitado, no sin problemas para llegar a asumirlo. Les costó creer que realmente había resucitado, hasta que cada uno pudo verlo y tocarlo con sus propios ojos (Lucas 24).

Supongo que cuando esto sucedió un profundo sentimiento corrió por sus entrañas, pues pudieron comprender que habían desconfiado de Jesús en los momentos complicados, que lo habían dejado solo cuando había sido crucificado y que cada uno había huido para que no corriese peligro su propia vida.

Quizás por esto pudieron salir llenos de alegría cuando sus cuerpos salían doloridos después de una buena paliza, pues en esta ocasión no habían claudicado por temor de las consecuencias de seguir a Jesús, sino que se mantuvieron firmes fueran cuales fueran las consecuencias.

¿Te parece que es la reacción normal de un grupo que defiende algo inexistente? ¿Cuál es el valor de aquello que ellos defendían, para que puesto en una balanza con el dolor de una paliza y el rechazo social, fuera tan superior que les llevó a llenarse de alegría por haber mantenido el tipo y no claudicar?

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1. La primera red social

2. Extrañas reacciones I

 

El árbol de la vida

Tiempo de lectura: 6 minutos

El cine de Terrence Malick ha tenido siempre algo de religioso. Aunque nunca como en El árbol de la vida, se ha propuesto capturar la magia, asombro y misterio del universo. Este director de culto norteamericano –que tarda diez años en hacer una película, y no se deja ver nunca en público– obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes por esta obra maestra, que no recogió –como ninguno de sus otros premios, ya que no da siquiera entrevistas–. Coproducida por su protagonista, Brad Pitt, esta obra inclasificable trata sobre lo divino y lo humano. Es una meditación sobre la vida, la presencia y la ausencia de Dios, el amor y la familia, la rebelión y el pecado, el dolor y la duda.

De inmediato nos plantea cuál es el sentido de nuestra existencia: ¿qué tiene que ver nuestra historia con la historia del cosmos?

Su poderosa cosmogonía y trascendentalismo místico no se parece a nada de lo que hayamos visto hasta ahora en la pantalla.

Es la América de los grandes espacios, donde el ser humano emprende un camino de afirmación de sí mismo, proyectándose en la “madre naturaleza”

Nos muestra así que somos frágiles criaturas, necesitados de gracia

La película se inicia con las palabras de Job 38: 4, 7, cuando Dios le pregunta dónde estaba cuando puso las bases de la tierra. De inmediato nos plantea cuál es el sentido de nuestra existencia: ¿qué tiene que ver nuestra historia con la historia del cosmos? Tal vez somos parte de una historia continua, que realmente sólo conocemos durante el tiempo de una vida, la nuestra. La trama tiene por eso dos acciones paralelas, que se superponen, alternando imágenes del pasado y el presente de una familia, con el origen mismo de la vida y el universo.

Malick nos presenta a un matrimonio con tres hijos en un pequeño pueblo de Texas en los años cincuenta, la época en que creció el director –nacido en 1943, no se sabe exactamente dónde, si en Ottawa o Austin–. Es una familia religiosa, marcada por el severo padre, atormentado por la culpa (un ceñudo Brad Pitt), y la generosa madre, llena de amor y paciencia (la encantadora Jessica Chastain). La película evoca el mundo de la infancia de unos niños con sus vecinos y juegos, hasta irrumpir la inesperada realidad de la muerte del hijo mayor en la guerra de Corea. La perspectiva es la de su hermano adulto (Sean Penn), que se ve ahora solo entre los rascacielos de una gran ciudad, mientras piensa en su padre y la inocencia perdida.

UN MUNDO CAÍDO

El cineasta –que estudió filosofía en Harvard y Oxford, donde se iba a doctorar sobre el pensamiento de Heidegger, antes de enseñar en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts– ha hecho cuatro películas en cuarenta años. Su poderosa cosmogonía y trascendentalismo místico no se parece a nada de lo que hayamos visto hasta ahora en la pantalla. Algo que rara vez se puede decir de una industria que se basa en la continua repetición de unas historias, vistas una y otra vez, una década tras otra. Malick nunca ha querido contar una historia, sino revelar el mundo.

El director de 67 años describió a Pitt su película como “una épica cósmica, un himno a la vida”. Ve al personaje de Penn como “un alma perdida en el mundo moderno, buscando respuesta a los orígenes y el significado de la vida, mientras se cuestiona la existencia de la fe”. El tráiler empieza con esta línea: “Hay dos formas de ver la vida: la de la naturaleza y la de la gracia”. Comienzo más teológico ¡imposible!

Hay una dualidad clara en todas las películas de Malick, en la que se yuxtaponen imágenes paradisiacas de la naturaleza con la dura visión de una creación caída. En La delgada línea roja (1998), los soldados en la selva observan “la guerra en el corazón de la naturaleza”, por la que el mal irrumpe en medio de la creación más radiante. En Días del cielo (1978) y El nuevo mundo (2005), desatados romances idílicos en campos de trigo y bosques se enfrentan a la dura realidad de la vida. Con frecuencia los personajes de Malick mantienen monólogos sobre Dios, pero ¿qué Dios es este?

EL DIOS DE MALICK

En la base del pensamiento norteamericano hay un viejo debate del siglo XIX, entre el trascendentalismo y el pragmatismo, que aparece ya en los inicios de una nación que algunos pretenden que tiene un origen cristiano –aunque muchos de sus padres fundadores eran más bien deístas–. Así el trascendentalista Emerson creía que había una relación original entre el individuo y el universo, por la que todo ser humano lleva en su interior una parte de la divinidad, lo que filosóficamente se llama pananteísmo –que no hay que confundir con el panteísmo, que todo es dios–.

Esta visión religiosa no cree en la necesidad de milagros, o jerarquías eclesiales. Es la América de los grandes espacios, donde el ser humano emprende un camino de afirmación de sí mismo, proyectándose en la “madre naturaleza”. El comentarista filosófico de cine, Stanley Cavell –autor de La búsqueda de la felicidad: la comedia de enredo matrimonial en Hollywood–, lo desarrolla en uno de sus libros –todavía no traducido al castellano, The World Viewed–, en el que pone a Malick como ejemplo de trascendentalista, que busca la unidad con el universo. Es por eso que muchos han calificado la obra de este director episcopal –o sea anglicano– de “oración fílmica”, o “poema filosófico”.

Desde el principio de la película, la voz en off de la madre nos habla del conflicto entre la naturaleza y la gracia. Ya que la naturaleza puede ser también, para Malick, cruel y miserable, mientras que la gracia permite recuperar la armonía. De hecho, la famosa secuencia de los dinosaurios sólo tiene un propósito, filmar un gesto de dominación y piedad, cuando un animal apoya su pata sobre otro, antes de volverse a marchar. La violencia esperada se anula por ese acto de gracia.

NECESITADOS DE GRACIA

El personaje interpretado por Brad Pitt –educado por cierto en la iglesia bautista, hasta tener una crisis de fe, que recordó en la rueda de prensa de Cannes–, es humillado al final, reconociendo su vergüenza. “He deshonrado todo”, dice. Nos muestra así que somos frágiles criaturas, necesitados de gracia. Esa gracia que conoció el político británico Wilberforce, por la predicación del antiguo esclavista John Newton, cuyo himno Amazing Grace dio título a la película que produjo Malick el año 2006.

Aunque el nombre de Cristo no aparece en la película, abundan las referencias bíblicas de Génesis a Apocalipsis, pero especialmente Job 38, con el que empieza y acaba la cinta. Al principio, citado como texto, pero al final expuesto por el predicador de la iglesia a la que asiste la familia. Job, a pesar de su justicia, lo pierde todo, bienes e hijos. En desesperación, desea saber por qué ocurren tales cosas, pero Dios no le habla desde el torbellino hasta el final del libro.

La respuesta de Dios viene, como tantas veces en la Biblia, por medio de preguntas. En ellas descubrimos que al hombre le falta el poder y la sabiduría para entender las cosas. ¿Por qué Dios no nos dice simplemente por qué sufrimos? Cuando le dice a Job que observe la naturaleza, lo podemos entender de dos maneras: O la inmensidad del mundo nos muestra una indiferencia inmisericorde, que no se preocupa del ser humano –al desierto no le preocupa si oras, ni la catarata se para, para mostrar misericordia–, por la que la naturaleza nos dice que no somos nada…

VIENDO AL INVISIBLE

O al descubrir la maravilla de la Creación, podemos encontrar la grandeza de Dios. “Aquí es donde Dios vive”, dice la madre a su hijo, mientras contempla los rayos de sol filtrándose entre las hojas de los árboles. “Las cosas invisibles, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20). ¿Cómo es esto posible?

En un sentido, es sólo “por la fe” que “entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). Es por eso que para Malick, no hay certezas ni explicaciones causales a la naturaleza de las cosas. Nada resulta completamente visible o invisible.

Es por “la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”, por el que “fueron creadas todas las cosas… visibles o invisibles… por medio de él y para él” (Colosenses 1:15-16), que vemos el carácter de la Mano invisible, que hay detrás de todas las cosas. En Cristo, “la Gloria” –que el personaje de Brad Pitt reconoce al final que no se había dado cuenta de ella–, se hace visible. Llena de gracia y verdad. La vida consiste en verla, tal y como es, reflejada en el rostro de Jesucristo.

Artículo de EntreLineas, escrito por José de Segovia.

Usado con permiso del autor

La primera red social (2): Extrañas reacciones I

Tiempo de lectura: 3 minutos

Pero alguien se presentó y les informó: Mirad, los hombres que pusisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo.

Hechos 5:25

El libro de Hechos es realmente vibrante, ya que si nos ponemos en el contexto de la historia que nos cuenta, vemos como un grupo de personas que durante los tres años que acompañaron a Jesús fueron toscos, dubitativos y orgullosos, pasaron a ser gente decidida que poco parece que miraban sus propios intereses.

Los sucesos en los que deseo que pensemos hoy son los que se encuentran en el capítulo 5 del libro de los Hechos, en donde se explican los primeros conflictos que sufrieron los seguidores de Jesús con los mismos que habían maquinado la propia muerte de su maestro.

Supongo que la reacción natural cuando pasan cosas parecidas a las que les pasaron a estos hombres es sacar el más puro instinto de conservación y evitar todo tipo de enfrentamientos con aquellos que provocaron la muerte de aquel de quien nos estamos declarando seguidores. Pero lo sorprendente de esta historia es que hombres como Pedro -que días antes había negado con todo su ser conocer a Jesús cuando éste estaba detenido y siendo juzgado para ser asesinado- ahora estaban dispuestos a lo que fuera por, diciéndolo en sus propias palabras, “obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Lo que había sucedido antes de que ese hombre les dijera a los miembros del Sanedrín (una especie de cúpula de altos cargos religiosos de la época) que esos hombres que deberían estar en la cárcel estaban a la puerta del templo, era que los habían encarcelado. Lo habían hecho porque antes ya les habían avisado que no debían hablar de Jesús, algo lógico teniendo en cuenta que Jesús era a quien habían juzgado crucificándolo hasta la muerte.

Estos hombres, seguidores de aquel que habían logrado quitarse de en medio, empezaban a hacer obras que la ciencia no puede explicar, acciones milagrosas fuera de lo normal. No contentos con esto, decían que lo que ellos hacían no era porque ellos tuvieran alguna capacidad extraordinaria, sino que era por medio de ese Jesús que hacía unos días había muerto clavado en una cruz. Decían que había resucitado, y que su muerte había sido algo que estaba anunciado durante miles de años por los mismos profetas en los que ellos (los religiosos de la época) decían basar sus creencias religiosas.

Si antes Jesús les había molestado, ahora este grupo de personas también lo hacía.

En el primer encuentro que tuvieron ambas partes, cuando los religiosos capturaron a los discípulos de Jesús, estos últimos salieron azotados y amenazados. Las instrucciones eran claras: “No volváis a hablar de Jesús”. Ellos respondieron lo que antes comentabamos: “Juzgad vosotros mismos si no es mejor obedecer a Dios que a los hombres”. Por lo que continuaron como si nada les hubiese sido dicho, y fueron apresados una segunda vez.

Estando en la cárcel, de forma milagrosa, fueron abiertas las puertas y pudieron huir. Pero de pronto nos encontramos con esto… ellos no pensaron en una huida lógica. Salieron de la cárcel, pero cuando los mismos que les habían apresado se dieron cuenta ya estaban en la misma puerta del Templo (más cerca de ellos no pudieron ir)

¿Sabéis que es lo que hacían en la puerta del Templo?

Quizás te parezcan cuentos de hadas, pero si comienzas a leer la Biblia podrás observar que no es precisamente un cuento de hadas. Los cuentos generalmente explican historias de forma ideal, no pasa así con este libro que fue escrito por muchos escritores y en muchos tiempos de la historia humana. No es idealista, es muy realista… tanto que a veces hay cosas que cuesta asumirlas porque rompen muchas de nuestras ideas pre-cocinadas de Dios.

El libro lo tienes al alcance de tu mano para cuestionarte por ti mismo…

Anteriores de la serie:

1. Compartir, compartir y compartir