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Abrazando la razón (1): Lo que vemos

Tiempo de lectura: 3 minutos

Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.

Romanos 1: 20

Hoy comenzamos con esta serie que he titulado “Abrazando la razón” en la que iremos viendo algunos argumentos que nos da la Biblia para que pensemos y reflexionemos. Y es que la mayor obra de arte jamás realizada multi-autor es además de eso un libro que trae un mensaje trascendente para la humanidad, este mensaje es un impresionante desarrollo histórico en el que Dios se va dando a conocer al ser humano y toma contacto con él. Lo que sigue es mejor que lo descubras por ti mismo, pero lo que quiero enfatizar al decir esto es que solemos pensar en la Biblia como un libro que trae multitud de estrechos mandamientos totalmente incoherentes, y aunque  es cierto que en sus páginas se hayan mandamientos (si no fuera así Dios no sería Dios) y algunos puedan parecernos incoherentes (si no fuera así ya conoceríamos a Dios y no estaríamos en un conflicto vital con él) no son ni mucho menos lo único que expresan sus páginas, sino que también vemos como en ellas se muestran profundos argumentos para hacernos razonar, y en eso quiero inspirar esta serie, en los argumentos que encontramos en este Libro.

Para comenzar he elegido este texto que se encuentra en la Carta que escribió Saulo de Tarso, también conocido como Pablo. Aqui se nos dice que Dios no está escondido. Dios no es algo que tengamos que estar buscando entre metafísica y meditaciones supra-trascendentales. Dios se hace evidente por medio de todo lo que Él ha creado. Tenemos un ejemplo de esto en la expresión del arte, algo que es creación humana. Cuando vemos una pieza artística, de alguna manera esta nos habla sobre la persona que la ha creado, de su estado de ánimo, sus miedos, sus emociones, sus angustias, su visión de la vida. En cada pieza artística captamos algunos aspectos sobre la personalidad del artista que éste ha deseado expresar en su pieza. Del mismo modo Dios se ha expresado por medio de todo lo que ha creado, poniendo aspectos y reflejos de su personalidad.

El mundo que conocemos es una pequeñísima parte de lo que existe en el universo, por no hablar de más allá de éste. Pero si nos centramos en lo que vemos, que es nuestro mundo, podemos ver la maravilla de una naturaleza misteriosamente sincronizada, que se sostiene por medio de una especie de leyes que parecen inquebrantables. Todo funciona en dependencia de otros aspectos de la naturaleza o del mundo animal. Nuestro mismo cuerpo es una auténtica máquina de complejidades. Como suelo decir, no hay nada mejor para creer en la existencia de Dios que ver un documental que muestre el funcionamiento de la naturaleza, el mundo animal o de nuestro propio cuerpo, aunque esté hecho con la intención de explicar la evolución.

Mucha gente suele decir que no cree en el Dios de la Iglesia, pero dicen, “es evidente para mí que algo hay”. Y es que ante la complejidad y el diseño de lo que vemos, es difícil no pensar en la posibilidad de Dios.

Precisamente esto es lo que dice Pablo en esta línea de su carta. No tenemos excusa. Dios no está escondido esperando que unos cuantos iluminados o personajes de la esfera de la más alta sabiduría lleguen a conocerlo. Dios se ha expresado de muchas formas, y una de ellas es Su Obra de Arte: el Mundo.

 

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